Libres, Poesía

Locos poetas

A mí búscame entre los pobres, entre
los hambrientos que odiaron la esperanza,
búscame entre los locos que no tienen
con quien vivir, entre los viejos solos
y apartados, entre los animales,
los árboles, cada mata del campo
cada hebra del aire velado. Verde
búscame en el silencio del planeta
y en su vida feraz que feroz crece
del cielo a las negruras abisales;
búscame, que me verás extasiado
bajo las luces de tiempo insondable
de aquí a la expansión última de todo.

Con la gente normal —búscame, de corazón—
que solo quiere que todos comamos,
que nos entendamos hasta el confín
más umbrío de nuestras diferencias;
a mí no me ahogues en ninguno de tus lados,
yo estaré siempre a la vela carnosa
de las mujeres valientes y buenas,
de los hombres comprensivos y buenos,
sucio hasta los ojos de humanidad
en la tierra y en el agua,
en todas las aguas claras,
en todas las tierras verdes,
ocres, rojas, ardientes, frías, blanco
búscame con la razón sabia y rica,
con la emoción profunda y tamizada
por la luz clara que emite
la idea justa de la convivencia.

A mí búscame solo con la vida,
que se queden ellos con sus ideologías
viejas que no traen más que la sed
y la parálisis seca del miedo;
yo te espero en el futuro
con el mundo y los colores,
y todos los mares, todos los pájaros,
jirafas corriendo, rinocerontes
por cientos, balllenas en multitudes
de sus océanos dueñas, señoras,
que de la tierra y del cielo envolventes
gocemos sorprendidos como monos:
tú que me encontrarás, a la vera de lo humano,
yo que te buscaba, para vivirlo contigo.

Búscame abiertos los ojos, cubierto de barro
azul y hierro, de pies a desventuras,
con tus más frágiles, locos, aludas poetas.


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