Libres, Poesía

Entreguerras

Yo también tengo miedo.
el mismo visceral miedo
a la ignorancia que nos sube
trepando las piernas
húmedas de ese mismo miedo.
Créeme, como tú, sufro,
como tú, veo la luna oscura
y los mares ahogarse
en la mancha negra
de nuestra avaricia
y nuestra cobarde locura.

Me aterran, también,
todos esos locos
que vienen cabalgando cetrinos,
engordados en pliegues
de babas venenosas
en su boca espumada,
agitando la espada flamígera
del patriotismo nacional,
de las miserias y las heridas
al filo del miedo
atroz por todo lo que
no devuelve el mismo
sonido que ellos esperan.

Me hiela la sangre que hoy,
todavía,
a pesar de todos los muertos,
hoy,
en tiempos del pensamiento,
de la cultura, del arte,
de la ciencia de la luz,
de la luna, el sistema solar,
las radiaciones de fondo,
oscuras materias y expansiones,
campos que vibran formando realidades;
hoy,
todavía,
en los tiempos
del conocimiento y la humanidad,
nos sigamos odiando color a color,
así, tan lento y pegajoso,
como quien mastica carne,
ridículos orgullosos,
como quien se ama
y se come la boca
a puñados de manos,
sin pausa, sin mirarse a los labios;
me duele
y me sangra los pulmones
que nos sigamos mirando de dios a dios,
que todavía estemos viviendo este mundo
—solo, primero y único, casa—
país a país, como paramecios
inflamados de fronteras,
pintadas de banderas —todas— color de sangre.

Me cuesta vivir
en esta economía
siempre tambaleante
del hambre de todos,
de todas las madres,
de todos sus hijos;
no puedo con el terror a la nada,
el no ser que supone
no tener nada,
no querer nada,
no ambicionar nada,
por no tener nada,
para no tener nada,
y vuelta a empezar,
y no ser nadie.

¿Y qué voy a hacer yo?, me digo.
¿Qué hay de este miedo?, te dices.

Yo también tengo miedo,
el mismo miedo que ellos explotan,
pero no me resigno y grito,
me aferro con los tentáculos antiguos
crecidos en las esferas
más allá del tiempo
a la vida
en cada una de sus vibraciones
en el tejido expansivo
de cualquier realidad
que yo mismo me proponga.

Y agito la tela flexible
de mis realidades
a caricia batiente
y hago nacer partículas
infinitas
que viajan a velocidades
infinitas
que atraviesan todos los muros
finitos
de odio y de sangre,
y que solo puede captar
quien, como muchos,
como nosotros,
como casi todos,
entiende que en este mundo,
además del agua,
que no nos puede faltar
por fresca, clara y cambiante,
hay poco más que el amor,
nazca en las cuerdas vibrantes
de tu corazón alterado
o se haga ardiendo
entre ondas de fuego,
latiendo como notas sobre tu piel.

Yo también tengo miedo,
créeme,
el mismo miedo que todos tenemos,
pero intento no escuchar
y me dejo llevar en los mil mundos
que quiero, que busco,
que intento inventar,
que colmo de los versos
y las letras de la insania
cabal de no ceder
al pánico y al terror,
de creer que todo muere,
todo nace, todo es,
solo y hasta cuando
lo decide nuestro cerebro,
lo inflama nuestro corazón.

 

Imagen por: lostknightkg


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