A tus alas de fuego,
mujer,
a tus colores ebrios
que anuncian mejores
y más bravas tempestades.
A las uniones diferentes,
a los distintos
que se enfrentan
y se crecen,
a esos y esas sensibles
que nos elevan,
que nos hacen pensar
y llevan al último
valle de la nostalgia
por el presente perdido.

A las últimas locas,
a los esperpénticos
artistas, magas, caminantes,
escritoras, científicos,
soñadores de otras constantes
vitales magníficas
y enterradas bajo la mugre
y la sangre, y el hambre,
y el desprecio absoluto,
la guerra y ese dinero
embarrado que se reparten
unos pocos salidos,
un pocos atrofiados
y podridos como sus órganos podridos.

A tus alas de fuego,
a la valentía de no escoger
el miedo frente al miedo,
la barbarie frente a la consciencia,
la muerte frente a la ignorancia.
A tus pies de viento,
tus manos de tierra,
tu corazón de agua,
planta, animal y sal,
tu cerebro activo
y tu progreso,
tu eterno activo progreso
frente a la hiel del atraso
y los remedios fáciles
contra las bestias de hielo.

A tus alas de fuego,
mujer,
de humanos fuegos,
de pechos de fuego,
de bocas de fuego,
a las pocas y los pocos,
a la contra contra el miedo,
a enterrarlos en el mar,
en los mares de fuego.

 

Imagen por: rickydeviant

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