No quiero que mi mundo desaparezca,
que el pasado pase,
y mi historia de personas
se oculte en el hilván de la memoria
desvaneciéndose poco a poco,
diluyéndose en un pulso
de nuevas voces,
de un nuevo mundo que surge
en el latir precioso, imperfecto,
de la nueva vida.

No quiero retener la pena
de no tener que olvidar,
ni el vivir de la melancolía,
en recuerdo de lo que se pierde
como drenándose entre los pliegues
de tiempo inconexo, flotantes,
a la deriva espacial de estrellas.

No quiero ganar si es para perder,
ni tener que despedir,
aun en la esperanza de volver,
no quiero tener que vivir
en un mundo cada vez más vacío
sin las voces de siempre,
los ojos que miraron,
las manos que cuidaron,
las risas con las que crecimos:

No quiero el girar de todo,
la cinta imposible de no
entender nada de lo que ocurre
bajo las estructuras negras,
tuneladas de espejo,
indescifrables del corazón.

No quiero quedarme solo,
entre la espuma del infinito
y la cólera del cielo.

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